por W. Ricardo
23 minutos de lectura.
En esta entrada, en formato de ensayo, me gustaría ayudar a aclarar un tema que para muchos es confuso, particularmente para estudiantes de nivel medio y universitario. La palabra literatura como sinónimo de libros podría estar generando confusión, principalmente por el uso cotidiano que se le da a la palabra. Por este motivo, desde mi experiencia y como profesional de letras, me permito crear una reflexión sobre el día a día de la literatura.
¿Qué es? Sí bien el primer lugar en la que nos la topamos es dentro de las aulas de estudio, en donde supongo que todos hemos cursado este clase en algún punto de nuestras vidas; no obstante, a pesar de tener una idea que ya la entendimos porque la ganamos o la superamos, he notado que es una de las palabra un tanto ambigua o que se usa mal. Y esto ha causado que muchos llegamos a desechar su lectura tan pronto cuando se nos libra de la carga académica, o cuando ya no se nos pide como requisito para salir del colegio o la universidad.
En este ensayo voy a procurar desarrollar el tema utilizando nada más que mi experiencia profesional y académica, más el uso del razonamiento intuitivo y causal, el cual, en teoría, ya debería darme la suficiente claridad como para poder definir esta palabra. Me refiero a que no voy a decir qué dicen otros que es, sino voy a tratar de descifrarla con base a lo que he visto y leído.
La decisión de no usar referencias está en mi reciente lectura de filosofía Cartas sobre el humanismo y El ser y el tiempo de Martin Heidegger —ya sé; esta es una referencia. Sin embargo, funcionó como el incidente que originó esta tentativa o intento de poder acercarme a lo que deberíamos referirnos cuando usamos la palabra literatura. Además creo que una reflexión es una forma de comprender mejor la información, y no solo aprender algo de memoria.
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Primero, por la educación primaria y secundaria, diríamos que la literatura es una clase que sirve para conocer historias escritas reconocidas por la sociedad de un tiempo. En mi país usualmente vemos historias redactadas en español y en inglés, con o sin rima. En donde aprendemos vocabulario y comprensión de lectura.
De esta idea surgen varías ideas que nos dejan alejados de su verdad. ¿Qué es la verdad en este momento? Pareciera ser un hecho. ¿Qué es un hecho? En todo caso es aquello por lo cual los periodistas se mueven de un lugar a otro con el fin de comunicar un evento que es de interés para todos. Y, esta razón misma, el interés y el evento, parece ser algo ya consumado o hecho; algo que todos pueden apreciar o que puede ser comprobada por varios, pues los indicios se encuentran en el espacio y el tiempo en el que se llevó a cabo dicho suceso.
Fuera de los colegios encontramos esas historias escritas en las librerías; evidentemente en los libros. Y su existencia pareciera estar vinculada con el ocio, con un pasatiempo. Ese hábito de pasar el tiempo es la lectura de historias. ¿Pero será la literatura solo historias escritas? O dicho de otra manera: ¿toda historia escrita es literatura? ¿Serán las historias solo el tema central de la literatura? Veamos entonces qué más involucra esta palabra.
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Esa costumbre es dada a personas que creemos ser inteligentes, porque se cree de forma general que una persona que lee se desarrolla o avanza. ¿Pero quién es alguien inteligente? Presumiblemente, alguien quien usa su mente o aprovecha de ella, incluso, en sus tiempos libres. Esto significa que está dedicada al uso de su mente, por lo cual en automático la valoramos con otros valores de superioridad para resolver problemas.
Pero ahora viene la siguiente idea, vinculada al comercio de los libros que contienen historias: ¿es cierto que toda persona que lee historias en libros es más inteligente, digamos, que una persona que consume historias en los medios digitales? No podemos responder esto aquí, sin antes haber realizado una investigación cualitativa y cuantitativa para comparar resultados. Sin embargo, lo más probable es que uno tenga más entrenado el cerebro para comprender historias más complejas, mientras que el otro tenga habilidades para descubrir simbolismos más fotográficos, es decir, en tiempo real. En definitiva leer involucra más un esfuerzo mental que el otro. Basta con hacer una prueba. Es decir, comprobar si es más fácil leer una historia o verla, y decidir de cuál de las dos se aprendió más.
Ahora, el que ya se dio cuenta, en los párrafos anteriores estoy hablando de una idea que el colectivo supone. Alguien leído es igual a alguien educado, por lo tanto, alguien inteligente. Entonces como pensamiento colectivo podríamos creer que alguien que lee literatura, o asumimos del lector literario, es alguien "inteligente".
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Lo cierto de lo anterior es que ambas —historias en libros y en pantallas— se relacionan. ¿En dónde? En la letra, en las palabras que configuran la historia. Toda historia tiene su origen en la palabra, sin importar si primero sale el libro o nunca se publica el texto físico que contiene el guion del programa televisivo. Así, el creador o autor de la historia tendrá que pensar su historia en su mente. Y no va a hacerlo sin las palabras. Pero: ¿la literatura son historias expresadas en palabras? ¿Entonces qué pasa con la clase de idioma? ¿La literatura será lo mismo que el idioma? Es decir, ¿literatura es igual a lenguaje? Recordemos un principio lógico: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Entonces, la respuesta debería ser no; pero sí que se relacionan. Dependerá del enfoque de estudio de cada una.
Las palabras, o mejor dicho, las letras son la unidad básica de la literatura que al unirse crean palabras, y éstas textos con el fin de transmitir una… ¿historia? De momento quedémonos con las historias.
Pausa entonces. Literatura, libros, historias, letras, cultura, inteligencia, escuelas, idioma, lenguaje, guiones... Tantas palabras relacionadas a una sola palabra que a la mayoría no le importa. ¿Pero qué significa que yo diga que no le importa? ¿Por qué asumo que a nadie le importa? Básicamente quiero dar a entender que no es popular o no es lo que la mayoría practica.
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La importancia está implícita en su existencia dentro de la educación. ¿Fuera de ella importa realmente? Aparentemente sí, porque hay un premio anual que sale en los periódicos como un hecho noticioso —hay más premios de literatura relevantes, obviamente—: el Premio Nobel de Literatura; que por correlación con los otros premios (matemática, química, física, etc.), es el premio al escritor más inteligente del año o reconocido en ese año. O eso da a entender de alguna forma. Pero si uno va a la liberaría más cercana, o le pregunta a un lector sobre esta obra premiada, rápido nos daremos cuenta de que no se lee a este autor premiado del año.
Ahora, la inteligencia y la historia escrita son relevantes para los inteligentes porque el Premio Nobel da la impresión de que representa a los inteligentes o en sentido muy popular o vulgar —esta palabra no es igual a soez; en todo caso popular—: los genios. Desde ya vemos que presenta un contexto complicado o nace de un lugar difícil o representa un reconocimiento de gente brillante o muy estudiada. Pero lo aparente, o lo que más salta a la vista, es que va de la mano con un esfuerzo mental y ese esfuerzo mental es reconocido institucionalmente.
Este esfuerzo mental que se nos somete durante varios años en nuestra institución educativa, nos enseña que hay historias escritas importantes. Pero hay que preguntarse: ¿por qué debemos conocerlas? Uno, porque creo que el colegio ha jugado un papel educativo que trata de profesar una aparente libertad de elección, en donde se busca que los jóvenes vean el menú o las opciones por medio del cual la humanidad ha logrado realizar cambios en la sociedad. La literatura ha influido el pensamiento de la humanidad a lo largo del tiempo. ¿Será que la literatura sigue cambiando la mente de las personas? ¿Será que una historia escrita aún podría crear un cambio social o crear una forma de pensar? ¿Podemos pensar en un libro que represente nuestra época? Diría que la única forma sería por medio de un recurso obligatorio en el aula cuando los jóvenes aún no ha sido moldeados por la sociedad. En palabras más simples, cuando una autoridad dice: lean este libro.
Aquí viene algo interesante: pareciera ser que los libros que leímos en el colegio son importantes porque simplemente nos dijeron que lo son. Además, si no ganábamos la clase de literatura no podíamos graduarnos; dicho de otra forma: no podríamos haber obtenido nuestro título. Lo cual implica no tener un requisito laboral. Y aquí entramos a otro tema, ¿nos abre puertas laborales este esfuerzo mental de leer historias escritas? Diría que solo los que pueden adaptarlo a un producto o servicio rentable como la publicidad, los guiones televisivos (incluyendo guiones para hacer series), el periodismo, los escritores de canciones y la educación.
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Me desvío un poco en lo siguiente —esto nos servirá más adelante para continuar con la importancia de la literatura—: ¿qué vemos usualmente en esas historias escritas? A simple vista: estructuras que las dividen. Vemos que se dividen por extensión, y que hay otras historias que no son historias y que su destino no es quedarse dentro de un libro. Entonces se rompe toda la casi comprensión simple que ya llevábamos. Porque nos dicen que la literatura —aparte de las historias— incluye ensayo, dramaturgia (guiones de teatro) y poesía.
Entonces nos vemos envueltos en leer escritos que ya no solo presentan historias, sino que también nos expresan sentimientos y emociones —¿confusas?— que ya no tiene una estructura lógica o consecuente o hilada o seguida o relacionada o cohesionada. La niña de Guatemala de José Martí, fue —o es— un poema obligatorio en la primaria. Hace unos años tocamos el tema de este poema con otros profesionales en la oficina (abogados, administradores y psicólogos); llegamos a la conclusión que no es un poema romántico, y que podría llegar a confundir a las personas en cuanto a qué está bien suicidarse por amor. Mejor dicho, que es hermoso el suicidio por el desamor.
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Aquí está un rasgo importante de la literatura: es interesante. Hablar de estos temas nos hace crear una conversación que nos obliga a pensar. No sé si es posible hacerlo en un aula de más de diez personas, porque lo importante en la conversación es la cercanía y la tranquilidad que alguien pueda tener para desarrollar su opinión. Es una especie de rompehielos que nos permite conocer mejor ciertas situaciones. Si bien el poeta aparenta no tener una intención de magnificar el suicidio por amor, sino que, como el mismo poema lo dice, relatar un cuento sobre una niña que se murió de amor; entonces pareciera ser que por su forma —las palabras elegidas que hacen que uno involucre los sentidos y se imagine algo hermosos— nos engañan del asunto: una niña que se suicidó en un río porque un enamorado regresó casado. Esto desmiente la idea de que la poesía únicamente contiene ideas nobles y hermosas; pero, es un reflejo de nosotros mismos, en donde lo superficial nos oculta la verdad. Además de que la literatura sí puede tratar temas graves y hacerlos parecer hermosos.
En otras palabras, aparte de su evidente beneficio social, nos generó una conciencia crítica, basada en la comparación de épocas. ¿Habrá sido ese el afán de los que hicieron obligatorio su aprendizaje en la educación? Sería de buscar su justificación documental en algún decreto del Ministerio de Educación, si es que en todo caso existe. Y aquí hay otro punto de la literatura, ¿qué tanto se revisan críticamente las obras que son obligatorias en clase? ¿Tendrán en cuenta las nuevas obras publicadas que acercan o permiten a los estudiantes comprender mejor su entorno?
Bien. Ahora, ¿de dónde saqué que la literatura está conformada por ensayo, historias y poesía? Del colegio o la escuela y la universidad. En el curso de literatura usualmente leemos novelas, cuentos y guiones para teatro. El proceso es el siguiente: después de haber leído algún texto de los mencionados, nos dejan la clásica tarea de hacer un comentario o una investigación de ciertos temas, y hasta tercero básico nos dicen que esto se llama ensayo. Un lugar en dónde ensayamos nuestras ideas. Un gimnasio de ideas que nacen de la lectura. ¿Y la poesía? Pues desde pequeños nos enseñan a leer poemas muy básicos que se centran en contar historias rimadas. Poco se nos enseña de la poesía moderna.
¿Pero por qué habrían de hacerlo? Esta pregunta se refiere a la poesía moderna. Es algo tan oscuro que no responde a los valores de la poesía clásica. He hablado con algunas personas que sí se les enseñaron varios tipos de metros que utilizaron en determinadas épocas, pero son pocas las personas de quien he escuchado que leen poesía moderna. Quienes lo hacen: portan con ellos una serie de versos que les explica un fenómeno particular en la vida, uno que antes no podían nombrar con palabras por sí mismos.
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Ahora se volvió aburrido este ensayo. Por el simple hecho que le dimos un balazo al convaleciente, en este caso a la literatura; al tocar su tema de utilidad, porque pareciera ser que no tiene otra finalidad más que el cuidado personal. Sin embargo, está más enfocada en ser una herramienta mental que nos permite analizar de forma crítica ciertos hechos sociales desde otras perspectivas, en donde la tabla de opciones de obras literarias, nos muestra relaciones sociales y sentimientos que muchas veces están ocultos a simple vista, y que al leerlos en las palabras de otra persona: encontramos cierto alivio porque alguien lo hizo ver.
Pero no podemos saltarnos el hecho importante del que la literatura no puede escapar, y es que sí involucra un esfuerzo mental. Es de elegir prioridades como siempre; alguien que ha pasado horas y horas bajo el estrés de la rutina, poco encontrará confortante la lectura de literatura al finalizar su jornada. Como dice la canción de Carajo: la economía nos robó la vida. Aquí no quiero entrar en un tema ideológico, solo quiero hacer ver que para poder ingresar a la literatura se necesita de tiempo, de horas libres y de un oficio que nos deje un espacio para el esfuerzo mental que conlleva.
Por el motivo anterior, podría parecer de que la literatura es considerada como algo que no sirve; desde la perspectiva que no es muy indulgente en cuanto a la relajación mental. Pero no es que no sirva o no sea provechosa, es que no hay tiempo o voluntad para acceder a ella. Y si este fuera el caso de su improductividad, ya se habría extinguido; basta con ver las ferias del libro en el entusiasmo del gran número de sus visitantes. Hay obras literarias que nos acompañan por siempre, en donde nos moldean y nos hacen comprender la vida en sí misma. Es el lugar que nos abre la puerta al hábito de lectura; el lugar de partida para la mayoría de los conocimientos de ramas de investigación que tanto nos interesan.
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Pero la palabra es rara. No deja de sonar tan alejada a lo que realmente es. ¿Quién la habrá elegido? Aunque hasta cierto punto suena justamente a letra-dura: litera-tura. Así que justamente podríamos quedarnos con ese concepto, como el conjunto de letras que forman palabras que duran o perduran o sobreviven en el tiempo. Por consecuencia, mensajes escritos de forma rigurosa (graves) para transmitir un mensaje que trascienda. ¿Y de dónde me saqué esa trascendencia? ¿Y lo grave: por qué? Suena a que alguien se va a morir, como cuando decimos que el fulano está grave.
Respondiendo las preguntas anteriores, diría que el mensaje que se hace en escrito perdura por mucho tiempo. Dependerá también el material y quien lo lea, además de su relevancia. Pero como vimos hay poca relevancia por la época que nos demanda la mayoría de nuestro tiempo en aplicar un esfuerzo mental en la rutina frente a las computadoras en los trabajos; incomparable a una época en dónde no había teléfonos inteligentes, televisores y computadoras, pero hay que considerar también que pocos estaban alfabetizados en aquella época sugerida. Y lo grave… pues sí: justamente la literatura contiene mensajes de peso, usualmente es una respuesta a una pregunta generadora que se desarrolla a lo largo de los sucesos en donde se trata de poner en los zapatos al lector de sus personajes. Básicamente es una vivencia que se vive. ¿Pero entonces se aplican todos los temas que estén escritos? ¿Qué pasó con el tema de ser historias, ensayos y poesía? Parece ser que hay una confusión entre el tema editorial y la literatura. La primera se encarga de la producción de textos escritos imprimibles o exportables digitalmente y la segunda al tema que hemos desarrollado a lo largo de este ensayo. Pero la confusión es válida por la manera en que suena la palabra, o la asociación fonética que podría aplicarse. Pero no deja de mostrar el rasgo fundamental o el cuerpo en el que habita: letra que perdura.
Definitivamente, hay que decir que la literatura no es para nada popular. En el sentido que solo puede ser accedida desde el colegio de forma un tanto eficaz. Que bien por la persona que la hizo suya a lo largo del tiempo y obtiene de ella sus frutos. ¿Cuáles son los frutos? Los veremos en el siguiente post o publicación. Y cuando digo popular me refiero a que no puede accederse a la literatura sin que alguien nos dé una lista curada de autores clásicos y actuales; y ese alguien sea capaz de convencernos de que leer o aplicar un esfuerzo mental extra es gratificante. En especial porque las librerías cumplen un papel comercial y no educativo (tampoco digo que deberían). Entonces se pierde su significado entre las libreras, pues como dice el dicho: dime con quién andas y te diré quién eres. De ahí que la literatura podría confundirse con cualquier volumen o libro o publicación o bibliografía.
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Y aquí entra otro tema, ¿cuál es el criterio o la regla fundamental para la selección de las obras literarias que leemos en su momento más apropiado para existir: en la escuela? Surge la mera excusa de pertenecer a la cultura general. ¿Cuál es la particular? ¿Será que lo particular sería lo nacional? ¿Lo comunitario? ¿Y qué es cultura? ¿Cultivar arte? ¿Tener buenos gustos? ¿Se referirá al rasgo de un culto? ¿Un culto como religioso? Ya vemos que sin la llave o un profesor pagado o un amigo que nos aclare estos conceptos, las palabras son tan ambiguas e incluso suenan tan extrañas.
Por ejemplo, si sumamos el hecho de que como latinos ya nos sentimos inferiores a los europeos, no todos, claro, y nos presentan un sujeto italiano que escribió en verso una larguísima historia; una tal Divina Comedia, la cual hay que leer antes que se termine la unidad; sin que el profesor realmente haya creado un significado particular o general de la obra. Entonces poco podrá el estudiante apreciar lo que el autor quería compartir. A mí parecer lo cómico para el autor es una crítica a quienes creían que podían afirmar que hay una jerarquía administrativa en una supuesta vida después de la muerte. Pudo haber sido porque necesitaba pasar un duelo por la muerte de su esposa, muerte prematura que le podría haber parecido incongruente con la vida santa que posiblemente ella llevaba siendo una católica devota. Pero para aprender esto se necesita mucho tiempo, y ahí está otra vez el punto del esfuerzo mental y la inversión de tiempo versus lo que nos servirá en el futuro. Lo cierto es que esta obra chocó en su momento con una autoridad religiosa que se aprovechaba del pueblo, y esta inocente historia les pareció amenazante, tanto porque algunos comprendían lo que estaban haciendo y los otros porque estaban ciegos de la trampa misma. ¿Será que esa conciencia crítica es aplicable hoy a algún tema en particular?
Pero: ¿qué demuestra la Divina Comedia como creación literaria? Es la evidencia de lo que oculta la mente de un ser humano. Y cómo es posible que dentro de la mente pueda ser capaz de demostrar que la realidad no necesariamente debe ser de una forma establecida. Una forma en que alguien puede aclarar sus opiniones y sentimientos a un nivel tan alto que lo hace de una forma particular con símbolos y una forma fuera de la comunicación escrita regular. Básicamente un código. Obviamente, la obra anterior tiene tantos temas para analizar que podrían ser objeto de especialización académica, y tanto se ha dicho que no cabe lugar aquí. Sin embargo, parece justificable por su aportación histórica que de alguna forma parece enlazarnos a un tema relevante, que hoy sí que podría servirnos.
Pero retomando la finalidad inicial de la literatura, es el momento de intentar completar o dar otra idea, pues ahora vimos o notamos que tiene que ver demasiado o está íntimamente ligada o relacionada con el individuo y su entorno social en una época determinada. Y por esta razón, de seguro se eligen las lecturas del colegio. Autores que hayan sido influyentes o importantes en su época y que hayan sido comentadas y revisadas a lo largo del tiempo.
Pero decir que alguien influye, es decir que alguien modifica o es capaz de desviar el flujo de algo, en este caso del pensamiento; es complicado. En nuestros días, uno de los más influyentes escritores que conozco es Stephen King y a Andrés Oppenheimer. Obviamente en la realidad hay muchos, pero estos no cuentan aquí porque tuve que pagarle a una institución para que ellos le pagarán a un profesional para que ellos me actualizaran en las personas que otras personas dicen que esas personas son influyentes a través de esa producción literaria; o porque me dieron un libro de Lecturas Básicas en Bachillerato, del cual no aprendí lo que debía aprender de la literatura, porque era un compendio de muchos autores relevantes con un fragmento de alguna de sus grandes obras. Al final de ese fragmento había una sección difícil de comprensión de lectura y vocabulario; entonces, eso fue lo que me dejó. Pero nunca más visité nuevamente a ninguno de esos autores. A diferencia de un amigo que tenía una librera con esos autores, más el familiar que le explicaba la importancia de leer a cierto autor. Sin duda alguna, la literatura necesita de un guía; pero no basta solo uno que cumpla con el ejercicio final del libro o los requerimientos de un Currículum Nacional Base.
Lo que he querido dar a entender es que los autores influyentes lo hacen porque nos dicen que ellos son influyentes, no porque ellos mismos influyan en la mayoría. Es decir que solo son influyentes en cuanto alguien en el sistema educativo o de la comunicación masiva dicen que lo son. Sin embargo, por algo están ahí. Ya sea porque sus ideas explican nuevas realidades, sus obras son muy buenas para entretenernos, o mejor dicho: para sorprendernos. Pero es de tener en cuenta que el factor de influencia es institucional.
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Esa mezcla también es de tener en cuenta, la forma y la temática de la literatura debe de algún modo impactar y no solo entretener a la mayoría. El impacto podría ser: ¿una longitud de discusiones sobre esa obra literaria? Sí que podría ser. Por otra parte, sí que podríamos decir que Stephen King es parte de la literatura, pues está mostrando una época particular en donde se mezcla el temor con la posibilidad de que existan otros seres que habitan junto a nosotros, con capacidades fuera de lo que podemos comprender, más allá de la tradición clásica del terror que se enfoca en el ocultismo; un terror que se basa en el reconocimiento humano de nuestra limitación, entendiendo que probablemente no estamos en la cima de la cadena alimenticia como la especie más fuerte. Pero, bueno, este factor está comprobado siempre en las historias de terror: la vulnerabilidad del humano ante algo sobrenatural.
Salió algo importante que vale la pena rescatar: los comentarios y los estudios, más los hechos sociales causados por una historia, podrían ser un criterio como base de selección de una obra literaria. Además sería de ver si una obra literaria encaja con un pensamiento particular de la época. Por ejemplo, La Divina Comedia está ligada con el humanismo, en donde se retorna el centro de atención de la sociedad al humano mismo y se le quita toda su completa atención a la teología cristiana, la cual estaba cometiendo muchos abusos y empezó a generar mucho malestar entre las personas de aquella época que encontrarían en el arte una forma de expresarse, un refugio para pensar, y lograr salir de aquella opresión religiosa.
Sería de ver si Stephen King va a generar un movimiento en particular que nos abra los ojos a las personas sobre algo que nos está causando daño por largo tiempo y no hemos sido conscientes de ello. ¿Pero será que toda obra literaria es moralista social? Suena muy socialista todo esto: ¿verdad? Pero no es mi intención que sea algo político. Pero como se dice: todo acto es político. Cabe preguntarnos entonces: ¿toda la literatura tiene un trasfondo político? ¿Habrá una intención real de hacer política cuando se escribe literatura? ¿No será que la misma expresión del individuo podría representar la expresión de un grupo y eso es lo que da la impresión de ser tema político? Pero ojo, sin intención de hacer política (lo repito).
Lo cierto es que los autores más comentados y estudiados, probablemente serán los que valga la pena seguir revisando constantemente.
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Lo anterior saca a la luz algo interesante. La conciencia del uso de las palabras. Con lo que se dice se puede dar a entender algo distinto de lo que se escribe. La apropiación del idioma para expresarse y cómo las palabras tienen mucho peso sobre el mensaje es el móvil de la literatura. Esto me lleva a un verso que escribí en mi poemario: Sueños de Chucho; el cual versa así: ni de izquierda ni de derecha. Esto no quiere decir que en mi ingenuidad yo salga de cualquier ideología política, sino que hago ver que existe la posibilidad de no querer ser parte de ninguna de las dos ideologías. Una especie de rechazo a estas etiquetas; pero como dijo José Revueltas en Los días terrenales: O te organizas o te organizan. Entonces pensamientos muy naturales como decir: creo que los gobiernos si hicieran bien su trabajo benefician al pueblo: ya conllevan una especie de intención oculta para algunos. Y salen con la cantaleta automática de siempre: el sistema comunista ya fracasó. Pero en fin, temas así, son desarrollados por la literatura. De tal manera que no se da la información, así: de un solo; sino que se invita al lector a ser parte de una historia o un sentimiento que logre vivir esa vivencia o experimentar el tema propuesto para ver cómo serían esos argumentos en la vida real: ya sea con casos inspirados en la vida real o inventados.
Pero retomando el tema, el mapeo personal de la literatura se vuelve consciente cuando uno sabe qué quiere leer. Pero para saber esto, uno primero debe entender: qué es la literatura y saber lo que implica. Todo esto debería dejarse claro en el colegio y en la universidad, de lo contrario: adiós lectura de letra grave trascendental que aclara el pensamiento de un individuo. Y que le da nuevas formas de pensar, o por lo menos, lo pone a repensar su entorno social. ¿No sé si esto es grave?
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Ya con todo lo que hemos revisado, tenemos una idea más o menos clara de qué es la literatura; pero: ¿qué pasa cuando un abogado o un politólogo o cualquier otro profesional o estudiante en su reporte pone al final "Literatura citada"? Aquí otra vez se vuelve difuso el concepto de literatura, porque la apropiación de la palabra literatura, por esa falta de exploración inicial correcta en las escuelas, la lleva a convertirla en algo que confunde. Básicamente se confunde o se toma la idea de que contiene o es una estantería de libros. Y la palabra se convierte en todo lo que sea texto. Entonces se generan este tipo de expresiones: literatura médica, literatura forense, literatura política... Pero como ya vimos, a lo que realmente se refiere es a: historias o sentimientos escritos de un individuo con intenciones de expresión, que de acuerdo a la magnitud de su obra, trascienden. Para esto otro existen palabras más específicas como bibliografía consultada o referencias textuales, volúmenes citados, ejemplares referidos, etc.
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Si llegaste hasta aquí, te felicito. Espero haber sido de ayuda para que puedas comprender qué es la literatura o esta práctica intelectual que viene de tiempos ancestrales: el arte de transmitir historias y sentimientos por una conciencia particular que refleja a toda una sociedad de una época en una forma específica, y que tiene su hogar en las letras perdurables. No tengo un call to action o una llamada a la acción, solo quería compartir esto. Así que espero te haya servido, y si te confundí más; por lo menos, ya te puse a pensar.
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